Curramba La Arenosa

Santa Marta tiene tren y Barranquilla tiene río.

Pocos hay que lo ven,¿ya se habrá ido?

Hay que pisar con cuidado cuando se visita el “mercado de abajo“. En el mercado más antiguo de la ciudad se venden víveres producidos en la región. Campesinos y pescadores o revendedores de todo lo que proviene del campo cercano se encuentran aquí con “el pueblo“, clientes que han salido de los barrios marginales, para buscar lo que necesitan diariamente y que los vendedores han expuesto sobre mesas destartaladas y levantadas sobre un suelo cubierto de fango maloliente. Nos encontramos en el extremo sur de la ciudad, ahí donde fue levantada la primera lonja o barranca donde se cobraba el impuesto sobre la venta de los productos ahí ofrecidos: “barranca“ pequeña, barranquilla, llamada Barranca de San Nicolás, puesto comercial de poca monta desde los tiempos de la colonia hasta mitad del siglo XIX cuando esa barranquilla comenzó a transformarse en la ciudad de Barranquilla gracias a la navegación fluvial iniciada por inmigrantes alemanes.

Durante más de trecientos años había que subir el río por medio de bogas y el viaje al interior del país duraba tanto como la travesía del Océano Atlántico. Hasta ese mercado llegan los caños desde el rio. Lo que era práctico para el transporte de las mercancías y la eliminación de los desperdicios tiene su lado negativo: Con frecuencia los caños desbordan con las crecidas del río Magdalena, lo que sucede con regularidad en las épocas de lluvia. Entonces un agua pestilenta inunda las calles del mercado y penetra en las naves cubiertas de chapas de cinc oxidadas.

Es un misterio que hasta hoy esa situación no afectara la salud pública porque Barranquilla sigue siendo un lugar saludable para vivir. Hasta el siglo XIX Barranquilla era un lugar insignificante. Durante la Guerra de Independencia había visto algunos episodios breves de combates y saqueos. El Libertador Simón Bolívar había pasado dos veces por el lugar. Pero desde lo alto de la iglesia de San Nicolás se seguía contemplando un panorama de un pueblo con una sola calle, el posterior Paseo de Bolívar, rodeada de casas bajas construidas a la manera de los pueblos, pequeñas edificaciones de barro o mampostería cubiertas con un techo de hojas de palmera con ventanitas protegidas por palos de madera irrelugares en lugar de las rejas. La lluvia y la intensa luz solar habían pintado todo del color predominante, el gris ceniza.

Debido a la navegación fluvial la ciudad comenzó a crecer  y tuvo su auge principal  cuando se estableció definitivamente el puerto marítimo en el río Magdalena. La ciudad creció al ritmo de las actividades portuarias hasta tener hoy más de un millón de habitantes. Las sencillas construcciones de las casas cedían el lugar a mansiones cada vez más amplias y representativas que acompañaban modas y estilos cambiantes.

Aunque se derribara lo que a veces no tenía ni tiempo para envejecer, siempre quedaron atrás, como olvidados, algunos ejemplos del tiempo pasado. Así, en Barranquilla se encuentran todos los estilos imaginables del repertorio arquitectónico universal. Cuando Santa Marta y Cartagena lucen su arquitectura colonial, Barranquilla a veces se avergüenza porque exhibe un panóptico de formas arquitectónicas sin  coordinación ni harmonía. Sin embargo, aquello es su identidad inconfundible: Bajo la luz tropical ha nacido un mestizaje de estilos y formas que es espectacular y marca una fuerte personalidad:

El estilo costeño, una forma de estar y situarse en su entorno, original y irrepetible. Diferentes formas arquitectónicas se han mezclado y transformado en siempre nuevas  combinaciones y marcan los elementos de la nueva estética . Pero, sigamos el paseo por las calles.

El desarrollo de la ciudad se hizo de Sur a Norte , llamándose “carreras“ las vías que siguen esta dirección y “calles“ que atraviesan la ciudad de Este a Oeste. Pronto fueron abandonados los nombres pintorescos del principio aldeano : Calle de las Vacas, o Calle de los Mea´os. Un sencillo sistema de numeración reemplaza los nombres. Solo el Paseo de Bolívar ha mantenido su nombre original. Al mismo ritmo del crecimiento urbano se desarrollaba también la zona industrial. Y esa, contra toda regla de un crecimiento urbano sensato y controlado, se desarrolló a lo largo del río Magdalena, privando así la ciudad de un atractivo importante: la orilla del río. ¿ Qué sería de Londres sin el río Tamesis, Hamburgo sin el Elba o Berlín sin el río Spree? Barranquilla, practicamente está sin el río Magdalena.

El acceso al río está cerrado por la barrera de industrias establecidas allí desde el final del siglo XIX. La sencilla razón de ese procedimiento contrario a los intereses de la población de la ciudad creciente fue el poder del inversionista forastero orientado hacia el mercado exterior. Ubicar la producción cerca de las fuentes naturales de riqueza minera y al lado del puerto marítimo, eso facilitaba una rápida expansión.  Tenemos el caso clásico de la estructura de una economía dependiente de los movimientos de capitales en los grandes centros internacionales.

Así, mientras se hundieron en depresión las industrias norteamericanas y europeas durante las crisis de los años veinte, la zona indutrial barranquillera expandió fuertemente debido a los bajos costos de producción. Además, la zona fue declarada zona libre de impuestos y aranceles.  Debido a estas circunstancias, Barranquilla, desconociendo la crisis, floreció y acudieron más inmigrantes europeos todavía, huyendo de la depauperación que invadió los centros industriales tradicionales. No es extraño que era en Barranquilla donde se fundó la primera línea  aérea, la Scadta. Nació esta iniciativa del grupo de inmigrantes alemanes que habían abandonado Europa y se sirvieron de pilotos alemanes experimentados en la  Gran Guerra.

Era esta la primera línea aérea  comercial en el mundo y conectó la costa con el centro del país. Desde entonces el avión es el principal medio de transporte de pasajeros en Colombia, venciendo así las enormes dificultades que presenta la topografía del país,  la frecuente inseguridad de las vías terrestres sobre las largas distancias entre un centro urbano y el próximo. Sólo en los años setenta se construyó el puente sobre el río Magdalena y se conectó la vía terrestre hacia Maracaibo en Venezuela. El viajero que ahora se acerca a la ciudad desde el lado opuesto del río observa la imponente silueta de los altos edificios construidos en el norte de la ciudad y que ponen cara al viento.

Es en el norte, donde se ha concentrado el bienestar, la riqueza. Ahí encontraremos los clubes finos y elegantes con sus instalaciones lujosas. Los socios de estos clubes representan la flor y nata de la ciudad porque la vida social se desarrolla casi totalmente en el ambiente de los clubes. La masa popular no tiene acceso a estos lugares privilegiados, a las piscinas, campos de tenis y de golf. La ley del más fuerte, económicamente hablado, es ley del que más tiene. El rango social se define por la billetera vacía o llena. Una ciudad que carece de rangos tradicionales, de familias nobles con apellidos sonantes, la diferencia es marcada por lo que se tiene. Por eso hay que exhibirlo para que se vea.

Sólo así se  obtiene la categoría social deseada. Poco importa el color de la piel o el lugar de orígen. Eso no interesa. En una ciudad que se formó por medio de la inmigración, tanto desde el interior como desde el exterior, la pregunta: – ¿De dónde vienes? – carece de sentido. No explicaría nada. Todos hemos venido de alguna parte.

El grupo que en cierto grado mantiene su identidad étnica, es el de los “turcos“. Así llaman a los que son de orígen libanés o palestino. Pertenecen al grupo económicamente pudiente de la sociedad; sin embargo, se enfrentan al prejuicio vigente de explotar hábilmente las conexiones sociales para acumular riqueza y poder. Son prejuicios sobre el fundamento de la envidia social que crearon esa imagen del negociante oriental explotador del pueblo inocente. Elementos similares han caracterizado el antisemitismo en Alemania dirigido contra los judíos. Otro grupo que encuentra difícil integración es el grupo de los  “guajiros“. Guajiro es quien viene de la Guajira, departamento colombiano limítrofe con Venezuela.

Es una zona semidesértica con fuerte raíz indígena. Durante la época colonial la región mantenía una casi independencia debido al carácter violento de los habitantes y al poco interés que inspiraba la región para su aprovechamiento económico. El guajiro es un mestizo más indio que blanco y conserva reglas de matriarcado que causan asombro entre los demás costeños. Las mujeres son el centro de la familia guajira. Ellas son las propietarias de la hacienda familiar. La herencia es matrilinear. Con su vestimenta llamativa, la manta guajira, las mujeres dan un toque exótico de elegancia a las fiestas populares. Los hombres andan armados y obedecen a un código de honor que incluye la obligación de la venganza para cobrar la sangre derramada del familiar, del miembro del propio clan – los tíos y primos – y del amigo a través de acciones armadas contra la familia enemiga. Barranquilla durante años asisitía a la guerra entre los Valdeblánquez y Cárdenas.

A ambos grupos, a los “turcos“ como a los“guajiros“ se les da la  principal responsabilidad por la proliferación del negocio de la droga. Se les considera  agentes de la mafia internacional para organizar la logística de  la exportación del producto desde la costa colombiana a los mercados en EEUU y en Europa. Naturalmente, ese cliché tapa una realidad mucho más compleja y poco admitida por la opinión pública:

El negocio de la droga,  a partir de los años setenta, ha invadido todas las áreas económicas del país infectándolo todo. Por eso su difícil erradicación. Se cuentan numerosos episodios que demuestran esa omnipresencia del tráfico de droga, la marihuana fue reemplazada por la cocaina. Así nos pasaba, cuando nos encontrábamos en una playa solitaria, tomando baños y pescando que se nos presentó un camión como salido de ninguna parte. Bajaron hombres armados con metralletas y en este momento se acercó una lancha a la playa.

Presenciamos cómo fueron descargados bultos envueltos en plástico desde el camión a la lancha y tal como se habían presentado desaparecieron otra vez dejando el escenario como si aquí no hubiese pasado nada. Nos contaron que habíamos tenido suerte que no nos molestaran directamente. Había casos donde  bañistas habían sido obligados a ayudar a cargar la droga. La experiencia de la impunidad es generalizada y presenta un problema creciente. La sociedad está en peligro de pasarse desde la liberalidad a la anarquía. Y este me parece es el reto verdadero para esa ciudad. ¿Cómo se librará de esa sombra que oscurece hasta el majestuoso sol que la ilumina?

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