América Latina

América Latina o Sudamérica, Iberoamérica, Hispanoamérica, Amerindia ……..

¿Cómo interpretar esa tierra?

Interpretaciones se fundan sobre observaciones y teorías, pero también sobre deseos, aspiraciones y proyecciones.

Con América Latina pasa eso: el observador foráneo ve lo que quiere ver y de eso saca sus conclusiones.

América Latina ha sido para los europeos como una gran pantalla de proyecciones de fobias, deseos y utopías.

El temor ante un mundo tan extraño y la fascinación admiradora de una naturaleza desbordante y dramática acompañaron al conquistador y al descubridor y eso no ha cambiado sustancialmente.

Es esta disposición complicada que hasta hoy ha hecho imposible un estudio objetivo actualizado de América tropical.
Y Alexander von Humboldt, segundo descubridor de América,¿su ejemplo no estimulará?

El ingeniero de minas prusiano, no estuvo libre de todo juicio anticipado, pero su curiosidad como científico creó por primera y – hasta hoy – única vez la imagen universal de una gran región del continente nuevo, la América Trópica, que – para sorpresa de observadores – no resulta ser nueva sino todo lo contrario, revelando cada vez más facetas de una prehistoria rica, repleta de convulsiones.

Pero el curioso Humboldt tampoco sabía cómo comportarse ante las fuertes impresiones de novedad y embarrazo que este mundo le causaba.

Veamos ejemplos:

Compró unos esclavos negros sólo para dejarlos libres y se negó a montarse sobre las espaldas de unos indios destinados a cargar personas para ahorrarles el molesto caminar.

-¡El hombre no es un animal! dijo.

Eso, para sorpresa de sus acompañantes.

En ambos casos recibió gestos de incomprensión, de enfado y disgusto justamente de estos mismos que debieran sentir que no se les trataba como a seres humanos.

Pero sucedió que sólo para la mente ilustrada eran seres humanos nacidos libres y dignos, con sus derechos inalienables.

Experiencias similares se pueden cosechar hoy en día sin tener que hacer ninguna expedición a ningún lugar remoto.

¡Salga de cualquier aeropuerto, camine cien metros y verá!

La América tropical padece multiples carencias.

Es obvio y en eso están de acuerdo todos los observadores.

Ahora, para localizar responsabilidades y proponer remedios ya no hay acuerdo.

Existe un número limitado de proyectos socio – políticos en el mercado de las
opiniones; los voy a enumerar:

1. La europeización

A América Latina se le entiende como zona de extensión europea. Esa europeización se considera como un proceso civilisatorio de carácter misionero. La emancipación a través del movimiento anticolonial sucedió cuando este proceso no estaba concluido aún.

El resultado era una independencia incompleta e imperfecta.

Sin embargo, la modernización de la región debe continuar bajo el permanente contacto con Europa.

Esa relación no está libre de tensiones – Europa como guía actúa con egoismo – pero es necesaria para copiar principios de liberalidad y el pluralismo de ideas.

Así piensan Mario Vargas Llosa, Octavio Paz y otros. Y como ellos, las metrópolis buscadas por intelectuales latinos siguen siendo Paris, Londres, Madrid o Barcelona. Borges es tal vez la incorporación viva de esa vivencia.

2. La americanización

Que no sea Europa el modelo a seguir sino sola América completa ( vea la doctrina Monroe norteamericana ).

La herencia de Europa se considera impedimento y un estorbo en el camino hacia el progreso y la prosperidad. La estrategia para el desarrollo que manifiestan los EEUU. sigue esta línea y encuentra apoyo masivo en la así llamada “Segunda Misión“ realizada por iglesias protestantes norteamericanas que en Centroamérica y en El Brasil han obtenido un gran éxito.

Predican un cambio radical de mentalidad para dejar atrás la herencia de pobreza y atraso, herencia que reprochan a la tradición católica e hispana.

No es más que el proyecto de norteamericanización del hemisferio.

3. El nacionalismo

Todas las naciones latinas veneran a su Libertador, el que liberó la nación del colonialismo español (El caso del Brasil es un poco más complejo). Surge un nacionalismo que es antieuropeo y al mismo tiempo se dirige contra EEUU.

En el centro de la mitología nacionalista se encuentran Bolívar, San Martín, Hidalgo, Marti y Sandino.

Bajo el efecto del mito nacionalista las respectivas zonas de administración colonial se transformaron en naciones. Los intentos de Simón Bolívar a volver a unir lo que las guerras de la independencia habían separado fueron inutiles.

Las naciones latinas tienen plena vida social y política, y viven un nacionalismo en expansión; lo demuestran los numerosos conflictos nacionales entre ellas.

4. La ideología de la liberación

La teoría de la “dependencia“ considera que la deformación propia de América Latina en sus aspectos económicos, políticos y sociales se debe al colonialismo español e imperialismo yanqui.

Es deficiencia desde el orígen mismo de su existencia debido a la conquista histórica española. Como fundamento para esa interpretación sirve la teoría del colonialismo de Karl Marx.

Pero para ajustarla al modelo latino había que transformarla sustancialmente e incluir las tesis de Lenin sobre el imperialismo como fase decadente del capitalismo mundial.

Eduardo Galeano ha cumplido esto con afán religioso y ha encontrado un eco enorme entre universitarios y demás creyentes.

Con el mismo afán Galeano amplió su teoría con el concepto de la “marginalización“:

Las periferias del mundo moderno viven en la pobreza debido a “dependencia y marginalización“, mientras que en las metrópolis se concentra la riqueza, fruto de la explotación.

Galeano traduce la término “Tercer Mundo“, víctima de la explotación imperialista, a la realidad latina donde centros y periferías marcan – visible para todo el mundo – el desequilibrio social y económico.

Claro está que la responsabilidad no corresponde a América Latina, las estructuras macroeconómicas del mundo son la causa magna de la realidad socioeconómica de cada megápolis latina que reproduce barrios céntricos de lujo y miseria periférica.

Contra este sistema económico, político y social se proclama la “lucha de la liberación“ que preve el uso de medios económicos, sociales, políticos y también militares.

Es decir la guerra de la liberación cuando las circunstancias lo exijan.

El término proletariado es ampliado:

Ahora hay naciones proletarias que se enfrentan a naciones imperialistas en dura lucha final, gracias al profeta Galeano quien da ese tremendo vaticinio.

Además, el uso de la violencia es considerado elemento positivo, porque es el medio para liberar la conciencia colonizada del pueblo latino de su estado deprimido de psicopatología general.

(“¡Revolucionándose a si mismo se hace la Revolución!“)

Las organizaciones guerrilleras, desde los Tupamaros hasta las FARC colombianas y numerosas organizaciones más, justifican así sus acciones violentas.

Los ecos aun están palpables en Europa, dónde no han faltado los admiradores y los imitadores.

De esta forma se procede a la dicotomía del mundo entre buenos y malos, lo cual es muy gratificante: ¿Quién no se considera de los buenos?

Frantz Fanon y muchos otros fueron así de buenos dibujando este escenario apocalíptico.

5. La teología de la liberación

Teólogos católicos han descrito un camino cristiano católico para resolver los múltiples problemas de América Latina.

En un principio no excluye expresamente el enfoque marxista y por ello sus tesis han provocado un conflicto con la iglesia oficial.

Algunos sacerdotes han compartido inclusive la violencia como forma de lucha por la justicia social (Camilo Torres en Colombia).

Como modelos a seguir han proclamado los comienzos durante la primera misión americana:

Fray Bartolomé de la Casas y las Reducciones del Paraguay, la utopía social ejecutada por los jesuitas.

6. La recuperación de la herencia precolombina

Se reconoce como indigenismo y se orienta en la tradición de los primeros pobladores de América, los indios.

Esta corriente se siente apoyada por el nacionalismo moderno y los resultados de los estudios etnográficos.

Cada vez más, la América prehispánica ocupa un lugar eminente en el escenario político cultural latino y personajes como Tupac Amaru sirven para proclamar fines ideológicos como el antiimperialismo y el anticapitalismo.

Cuando el clásico “mandamás“ latino tradicionalmente se vistió de atuendo militar, actualmente opta por disfrazarse de cacique indio.

Muchos políticos buscan una nueva base social para sus respectivos movimientos en la población indígena que hasta hace pocos años estuvo completamente ausente de la vida pública. ( Ejemplos hay desde México a Bolivia).

7. La pedagogía de la liberación se ocupa exclusivamente de la creación de una nueva conciencia.

En El Brasil Paolo Freire elaboró una vía de la liberación para abandonar definitivamente el estado psíquico del colonizado.

El punto clave es la autodeterminación de la conciencia.

Influencias desde el exterior o recetas políticas se consideran inútiles.

El pueblo descubrirá por si sólo las vías de su liberación. Es la educación que conduce a la revolución.

El eco de este programa redentorista se encuentra en la rebelión de la juventud europea del año 68.

Todos estos elementos brevemente descritos se encuentran en multiples variantes y en combinaciones según convenga.

Así, por ejemplo, el movimiento Sendero Luminoso en el Perú mezcla elementos marxistas y cristianos con el indigenismo creando un confuso misticismo político.

El populista Chávez en Venezuela a través de lo que llama “revolución bolivariana“ utiliza todo lo que encuentra, desde el nacionalismo “antigringo“ a un marxismo rudimentario con toques de indigenismo para crear y mantener el poder monopolizado.

Todo ello tiende una densa niebla sobre la realidad latina lo cual produce desorientación y admiración al mismo tiempo.

Comentario

Desde hace decenios América Latina está saliendo de sus crisis de adolescente púber para hacerse por fin mayor de edad.

No sé si el retraso es cuestión de ausencia de la revolución esperada, sí sé que es cuestión de ausencia de madurez.

Las posiciones indicadas son elementos de retórica política y forman el discurso público.

Los problemas que tratan son de resolver – no de rodear – y han surgido durante largos periodos históricos, se han hecho endémicos, incrustados en la mentalidad y como tales están omnipresentes y son reales, su solución es urgente y por eso — —- toda solución ha sido imposible:

La revolución mejicana venció y pretendió cambiarlo todo para acabar dejándolo todo como estaba.

Es una paradoja que nunca se ha aclarado plenamente.

Economía, política, sociedad y cultura se encuentran intensamente ligados, más que eso, forman un complejo único.

Sería un error aislar un solo elemento y darle solución.

Sin embargo, precisamente eso se está haciendo desde hace decenios atrás. Por esta misma razón la mirada del especialista extranjero no llega lejos.

Habría que aprender del método de Alexander von Humboldt, integrarse e internarse en el ambiente latino, empaparse y correr todos los riesgos de este mundo fascinante y hermoso.

Los observadores a través de medios de información europeos, sin embargo, no proceden así. Y por eso en gran medida transmiten una imagen distorsionada de América Latina, romántica, estereotipada e ilusionista.

En el ambiente latino es dificil saber a quién sirve determinada retórica y más complicado es, averiguar, cuáles son las fuerzas que desde la clandestinidad definen lo que ha de suceder en política y sociedad.

Hay que saber, quién lleva la batuta y no quién toca los tambores.

Intelectuales latinos como Octavio Paz mantienen que universidades como las de Méjico y de Bogotá hasta ahora no han aportado nada de importancia para fomentar la interpretación de América Latina; reproducen lo archiconocido, nada más.

Llama eso la atención porque tienen una tradición académica más larga que la de Marburg o Tubinga y su vocación es precisamente eso, crear las condiciones para entender el mundo donde ellas existen.

Solamente la literatura latina se presenta como una poderosa fuente de inovación y creatividad. Gabriel García Márquez en Colombia, Mario Vargas Llosa en Perú y Ernesto Sabato en Argentina son las fuentes para el análisis de una realidad compleja.

América Latina, esto es como Europa vista a través de un espejo cóncavo
de la feria:

Fragmentos de distintas ideologías se funden y cambian constantemente para lograr una determinada función y un efecto deseado.

La veracidad o falsedad del argumento, su fuerza como prueba para el discurso intelectual no interesan.

“Socialismo o muerte“ es pura retórica, un hermoso adorno para una manifestación dominguera.

Los libertadores todos fueron militarotes.

Sus gestos marciales, congelados en bronces monumentales, decoran los centros urbanos.

Todo esto vive y perdura en las instituciones a pesar de golpes de estado, revoluciones y constituciones modernas.

Bajo la sombra del poder y protegidos por la ley unas élites político sociales procuran cuidar a los suyos. En su función como “presidente, generalísimo, comandante, máximo lider“ procuran adueñarse de la retórica política oficial.

Siempre se trata de parafrasear la semántica del fragmentario ideológico. Los discursos del comandante Fidel nunca duraron menos de dos horas para llenar varias páginas de Granma al día después.

Entender esto como un procedimiento simpático, de ausencia de dogmatismo, de amplia liberalidad, sería malentenderlo completamente. No nos daríamos cuenta del carácter caprichoso, de la arbitrariedad y agresiva intolerancia del orador para someter a todo disidente bajo su voluntad como máximo lider.

La espontaneidad y la improvisación diletante se imponen y ahogan toda opinión contraria.

Es la imagen distorsionada de liberalidad y un falso socialismo.

Simón Bolívar hace 160 años denunció esta evolución en sus cartas cuando habló de los “tiranuelos de aldea“ que se apoderarán de los escenarios públicos.

En este sentido Bolívar ha tenido sucesores frustrados y fracasados como él ante el triunfo de la mediocre rivalidad: Che Guevara o Regis Debray.

Gabriel García Márquez anunció que el siglo XXI será el siglo de América Latina.

Yo quisiera poder creerlo, ya que se trata del escritor que se autodenomina “optimista empedernido“.

Sin embargo, dudo de la justificación de ese optimismo.

El autor de Cien Años de Soledad dispondrá de todas las “reservas clandestinas“ de su patria Macondo para envolver a sus lectores en magia narrativa.

Él que según propio testimonio no ha leido una sola línea de Marx ni Lenin vive una estrecha amistad con el comunista Fidel Castro.

No me explico el carácter de esta amistad, ya que se trata de personas que han dedicado sus vidas a la proyección de América Latina y no a la pesca en el mar Caribe.

Deben tener conceptos en común, principios que comparten e ideales que desean ver realizados.

Pero, parece que así no es.

Si son sinceros todo eso quedará excluido del diálogo amistoso.

Conclusión: carece de importancia.

Lamento esa ausencia de veracidad patente de la palabra y el simple uso como instrumento de autopresentación y poder cuando están en juego responsabilidad y principios.

Tengo la terrible sospecha que fuera de la retórica, ambos no creen en más nada.

Me extraña que al público lector no le moleste esa ausencia de credibilidad.

El autor Sanchis Serra me ha dado una respuesta que parece que lo aclara: „Tengo que ocuparme de América Latina. Allí encuentro el polo opuesto a nuestro racionalismo.

Me fascina cómo hay que abandonar nuestros modelos y convicciones y cómo se apodera de tí otro sentimiento de la vida.“ ( El País – Babelia – 16.11.1991)

No se trata de verdad o falsedad sino de una especie de barroquismo vital: entre latinos uno se lo pasa bien.

Esto es esencial.

Volvamos entonces al principio: a los europeos les fascina América Latina porque se contemplan en este espejo cóncavo distorsionados como en las ferias.

América Latina parece divertir y ayuda a llenar el ocio con otro sentimiento de la vida.

Sanchis Serra siempre aprovecha ese encuentro y por ello lo busca.

¿Qué provecho saca América Latina?

Ninguno.Ya veo, en vano hemos estado esperando la llegada de otro Alexander von Humboldt; no llegó.

Por eso, todo comienza de nuevo y usted lector ,si quiere, podrá volver a leer todo otra vez porque hemos vuelto al mismo sitio donde partimos.
¡En América Latina nada de nuevo!

Escucho una voz costeña que dice: “Qué mamadera, aquí, la misma vaina de siempre“.

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